La convocatoria del primer sábado de mes durante la mañana a “hacer silencio” es en parte una excusa para alentarnos en el propósito personal de vivir de manera más conectada con lo interior de cada uno de nosotros. Es un espacio abierto, no tiene una adherencia en cuanto a obligatoriedad, repaso de tareas, cobro… procura desprenderse de cualquier requerimiento previo. El único requisito es querer hacer silencio.
Empezamos hace varios años a realizarlas el primer sábado de cada mes, durante la mañana, actualmente les llamamos “yo consumo silencio”, como una manera de tomar conciencia de la importancia de invertir en el silencio.
No es una actividad dirigida, aunque se procura proveer de lápices de colores y mandalas, hojas en blanco, algún texto corto para reflexionar, y proponemos una sencilla metodología repartida en cuatro tiempos para quien quiera seguirla.
Metodología:
La metodología es libre y se realiza a solas y en silencio, propone repartir el tiempo en cuatro partes más o menos iguales y distinguirlas en una progresión que resumimos de esta manera:
- Primer momento: Soltar Ruidos:
Anoto los temas pendientes en un papel y si alguno es muy urgente lo resuelvo antes de empezar este ejercicio.
- Segundo momento: Contemplo la belleza
Abandónate en el silencio. Si gustas haces oración, lees, pintas, caminas, escribes y descubres la Belleza, la contemplas y admiras. Somos parte de la creación, siéntete criatura.
- Tercer momento: Contemplo amorosamente mi vida.
Contemplo con amor mi acontecer diario, familia, trabajo, proyectos… ¿Qué veo?, ¿cómo me veo?, ¿puedo mejorar algunas cosas?, las anoto. Me adelanto a la esperanza.
- Cuarto momento: Tomo la lista que escribí al inicio con todos los pendientes y los priorizo, también a la luz de haber contemplado amorosamente mi vida.
¿Qué tengo que restaurar, reparar, resignificar?; ¿Qué primer paso daré este domingo para ello?.
Romper las inercias del ruido no es fácil.
Efectivamente, si bien el silencio es un bien inmaterial, sin costo y de aparente fácil acceso, no es fácil detenerse, mirar, escuchar, poner un tiempo para ello. Tener “una cita” con el silencio y quizá el hecho de que me convoquen y quizá el hecho de que habrá otros… ayuda.
Estamos rodeados de obligaciones, además de que la ciudad es en sí ruidosa, también lo es nuestra cabeza con sus recordatorios a hacer … cosas, a llenar las horas. Estar solo y no tener nada que hacer es desolador, pero también es una manera de ver la vida. Otra es buscar y acostumbrar momentos de silencio en soledad y aprender a gozar de ellos, encontrar el sentido, el regalo de ver más, y conectar con el SER. Esta segunda opción, requiere realizar un camino.
El silencio es sanador
Todos cargamos con fardos más o menos pesados, heridas, algunas más visibles que otras, pero en su interior, cada uno conoce esas aristas y durezas que la vida nos enfrenta y nos las vamos “tragando”. No todos tenemos las mismas herramientas o las sabemos usar. El hacer y compartir el silencio, nos coloca en un camino en conjunto para ello y vamos soltando y cambiando el pesar por la alegría y la sanación, el amor, la paz y la esperanza.
Eso sí, depende de cada uno. Es una tarea personal e intransferible.
Elisabet Juanola Soria
