Cuando escuché hablar por primera vez de las remendadoras de redes, pensé que se trataba de plataformas tecnológicas que operan las redes o servicios de gestión de redes sociales. Pero no, no se trataba de esto, sino de remendadoras de redes de pesca artesanal, un oficio que prácticamente se ha perdido porque las antiguas redes de pesca, elaboradas en hilo, han sido sustituidas por redes de filamentos de plástico, pegados entre sí, sin nudos. Tienen una vida útil entre un par de días y tres semanas dependiendo de los daños que sufran.
Las antiguas redes de hilo o cáñamo podían ser reparadas una y otra vez. Una estampa típica de las caletas de pescadores artesanales era ver personas, la mayoría mujeres, esposas, madres, hijas, hermanas de pescadores reparando los nudos de las redes que se habían desatado. Las redes tenían que quedar fuertes y sin fisuras. Era un oficio artesanal y duro, muchas horas de trabajo a veces hasta la noche, cosiendo y reparando los desperfectos que las redes habían sufrido debido al arrastre por el fondo marino y al desgaste del uso diario.
Esas mujeres con una infinita paciencia, utilizando herramientas sencillas como la aguja de madera o plástico, hilo y una navaja y con una destreza milimétrica, se dedicaban a un oficio que nunca fue demasiado valorado o reconocido. Sin embargo, sin ellas, no hubiera sido posible el laboreo de la pesca.
Esto me hace pensar en la importancia que siempre ha tenido y hoy en día, especialmente, la reparación de las redes. Me refiero a los vínculos, a las redes entre personas y grupos. ¿Cómo nos relacionamos, cómo nos nutrimos, cómo cuidamos esos lazos de amistad, de parentesco o compañerismo? ¿Cómo alimentamos la confianza, el respeto, la reciprocidad, la empatía, la escucha activa, la mirada desprejuiciada, la esperanza? ¿Cómo cosemos o volvemos a unir esos nudos que se han roto y que producen un vacío en nuestra vida? ¿Cómo creamos comunidad en un mundo cada vez más individualizado?
Ser remendadoras o remendadores de relaciones, de vínculos afectivos o de amistad, requiere tiempo, paciencia, dedicación, tacto… un trabajo que -como las antiguas remendadoras de pesca- muchas veces pasa desapercibido, y eso implica humildad y generosidad. Es necesario que no olvidemos ese bello oficio de tejer la red, uniendo, remendando, reparando, creando espacios de conexión fraterna entre personas y grupos.
Lourdes Flavià Forcada