Autor: Murtra Santa María del Silencio

Detrás de la Murtra Santa María del Silencio hay un grupo de personas sensibles a la necesidad que tiene el mundo de hoy de lugares donde poder detenerse y contemplar la realidad desde la soledad y el silencio.

Soy una incansable caminante, exploradora, viajera, solitaria, pero sobre todo nómade desde muy joven en una eterna búsqueda en este camino que nunca se termina de aprender. Amo la soledad y el silencio en todas partes y la Murtra es un lugar que para mí es un refugio. Un espacio que me amansa, me regala la quietud, la calma y la paz después de venir de una selva de cemento. Para mí lo más hermoso de este planeta es la naturaleza, medicina que se necesita para dialogar consigo misma y con Dios. Cada ínfimo espacio de ella es un altar…

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Gracias a la ayuda de la Fundación Cottet Mor y de un sinnúmero de amigos, así como aportes propios de la Corporación Santa María del Silencio, se pudo efectuar la compra de una Van Peugeot Traveller que será una gran ayuda para los distintos proyectos que esta Corporación desarrolla en la Murtra Santa María del Silencio. ¡Felices con la nueva adquisición!

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¡Silencio, desierto, viento, volcanes, los Andes! Amaneceres, atardeceres, cielos, pastizales, rebaño, hospitalidad, Misterio, laguna, tiempo compartido, plegaria, pozo profundo, Jesús, Etty Hillesum, Alfredo Rubio, Claraeulalias, miradas transparentes, mesa compartida, manos artesanas, belleza, cuidado de la casa común, gestos de acogida, tiempo entregado, palabras llenas de sentido, austeridad, paisaje que te envuelve… Mil gracias… por estos días, por ayudarme a experimentar que “en Él vivimos, nos movemos y existimos, gracias por ser guardianas del silencio en este lugar tan bello, gracias por abrirme la Murtra y permitirme sentirme en casa, gracias por compartir también “el barro” que me ayudó a concluir…

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Cuando busco una imagen para definir la esperanza, a menudo me viene a la mente lo que en arquitectura se llama “techo” o, a veces, “punto de vista de Dios”. Una casa, por ejemplo, tiene cuatro paredes perimetrales que podemos ver bien y mantener bajo control, pero la quinta, el techo, se nos escapa. La quinta pared es esa parte de la realidad que está presente pero que no vemos: solo Dios la ve. Por eso los arquitectos la llaman “el punto de vista de Dios”. ¿Qué puede ser entonces la esperanza? La esperanza sería, en síntesis, la posibilidad actual…

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