Sembrar belleza

Lo que no cultivamos dentro de nosotros no puede existir en el mundo que nos rodea, porque somos su microcosmos.

No podemos “lamentar” la pérdida de calidad en nuestro mundo y no “sembrar” la belleza a nuestro paso. No podemos censurar la pérdida de lo espiritual y seguir actuando únicamente en el plano de lo vulgar. No podemos esperar la plenitud de la vida sin fomentar la plenitud del alma.

Debemos buscar la belleza, estudiar la belleza, rodearnos de belleza. Para reavivar el alma del mundo, nosotros mismos debemos convertirnos en belleza. Donde estemos, tiene que haber más belleza que antes de nuestra llegada, porque hemos estado allí.

Para ser contemplativos tenemos que eliminar el desorden de nuestras vidas, rodearnos de belleza y regalarla consciente, infatigable y persistentemente. Hasta que el pequeño mundo del que somos responsables empiece a reflejar la belleza pura que es Dios.

JOAN CHITTISTER osb .- “La vida iluminada”

 

 

 

 

 

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Murtra Santa María del Silencio

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