Soledad y silencio: un estilo de vida

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“El estado actual del mundo, la vida entera, está enferma. Si yo fuera médico y alguién me pidiera remedio, respondería: crea el silencio, lleva al hombre hacia el silencio”. Kierkegaard

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la depresión es una de las principales causas de muerte y dentro de unos años ocupará los primeros lugares de la incapacidad laboral.

Andamos estresados, acelerados, angustiados, agobiados, exigidos, desesperanzados… ¿qué nos pasa? Quizás si nos apearamos del tren de alta velocidad en el que estamos instalados, si dejásemos el vértigo de la vida actual a un lado, si aprendiéramos a dejar huecos en blanco en nuestras apretadas agendas y disfrutáramos de largos espacios de soledad y silencio, podríamos vislumbrar lo que nos pasa, lo que pasa en el mundo, en nuestro entorno… porque pasa lo que pasa.

La soledad y el silencio no son huída, ni escapatoria, ni evasión de la realidad. Al contrario. No me “aíslo” porque los otros me estorban, me molestan, me incomodan. O porque no sé como enfrentar la realidad, los problemas, las dificultades o contratiempos. Este alto en el camino, es parada obligatoria, si quiero realmente vivir de una manera más auténtica y plena, si quiero establecer relaciones de hondura con los demás. Lo que nos ocurre casi siempre es que transitamos por la capa más superficial de la vida. No nos damos el tiempo para profundizar en el misterio de las cosas, de las personas, de uno mismo.

Sumergirse en el pozo interior, bucear en él, nos lleva a descubrirnos y a descubrir esa vertiente de agua cristalina que es la que nos mantiene auténticamente vivos. Ahí uno constata que el agua que alimenta mi pozo procede de la misma napa subterránea que nutre los pozos de los otros. Y percibo nítidamente que esos “otros” y yo somos hermanos en la existencia. Procedemos de la misma oleada existencial de la historia. Es decir, que en esa aventura de bucear en la propia interioridad descubrimos las raíces más profundas de la solidaridad.

Muchas personas, quizás la mayoría, consideran que estar solos, estar en silencio, significa perder el tiempo. El conocido psicoanalista y escritor Mario Albisetti dice: “en cuanto a mí, puedo decir que hago muchas cosas a lo largo del día y consigo hacerlas porque paso, por los menos, tres horas en soledad… no podría vivir sin ellas”.

Darnos el tiempo para pensar, reflexionar, contemplar, admirar,… hacer un vacío interior para dejar lugar a nuevos contenidos, nuevas vivencias,… hacernos un poco como niños que no pierden la capacidad de asombro… cada día es nuevo y la vida es bella… a pesar de todo. Etty Hillesum, joven holandesa, de orígen judío, que murió en un campo de concentración a los 29 años, y que hizo en su corta vida un importante proceso de interiorización, dice así en su diario: “A pesar de todo, encuentro que la vida no está desprovista de sentido…Yo ya he sufrido mil muertes en mil campos de concentración. Todo me es conocido, ya no hay ninguna información que me angustie. De un modo u otro, ya lo sé todo. Y, sin embargo, encuentro esta vida hermosa y llena de sentido. En cada instante”.

Quizás esa es la diferencia entre vivir en la superficialidad, en lo domesticado y exento de riesgos, o atreverse a incursionar en territorio desconocido. La persona que es capaz de adentrarse en su interioridad avanzará en el camino hacia la libertad. Y hará de ese itinerario un canto a la vida.

Las grandes empresas no sólo promueven sus marcas, sino que promueven un estilo de vida. Desde la soledad y el silencio, proponemos un estilo de vida anclado en la evidencia de la gratuidad de la existencia. Un estilo de vida que se “des-marca” de lo socialmente aplaudido y admirado, pero que va a la raíz, a la esencia de las cosas. Se aleja de la frivolidad, de las apariencias, de la falsedad, y se instala en la simplicidad, en la verdad, en la realidad, en el ser.

Julián Marías nos recuerda que “nada interesante puede hacer el hombre desde fuera de sí mismo”. Desde una interioridad recuperada en las extensas llanuras de la soledad y el silencio podremos, probablemente, tener una mirada más lúcida y penetrante sobre la realidad e incidir así, más positivamente sobre ella.

Lourdes Flavià

 

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